Los demás
Ante la actual (y repetida) tristeza que refleja la situación del país, dejo este aporte reflexivo orientado a que, pareciera que "el problema" son los demás. Es decir, claramente, el terreno común que se percibe es aquel de un discurso donde "son ustedes, ellos, y los demás en general" la causa de todo esto, pero no yo... no-no-no, yo no entro en esa ecuación. Y no es un terreno nuevo: Sigue siendo el terreno común al que aterrizan los debates.
Y entonces, ¿es realmente así?, ¿no tengo nada que ver en esto, el problema es esencialmente ajeno, de todos los demás, no mío?
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| Bloqueo de hoy 05/may 2021 hora 7:20am vía Sogamoso-Iza sector curva a Pesca |
No. Definitivamente creo que no. Por el contrario, en la asignación exclusiva del problema a otros, y la correspondiente negación del reconocimiento propio como parte del mismo, está una parte sustancial de la esencia intrínseca del problema: la deshonestidad propia, la hipocresía de pretender que decirnos mentiras a nosotros mismos hace desaparecer la realidad, soñar que "barrer bajo el tapete" desaparece el mugre.
Culpamos con facilidad al Gobierno, al Congreso, al político tal o cual, al proyecto de ley este o aquel, al directivo perano o sutano, a los jueces, y etcétera; empero, ¿todo ese sistema, existe gracias a qué o quiénes?
La leche está derramada, y esa múcura la cargaban unos mientras otros optaron cruzarse de brazos, es culpa de unos y otros (los que hacen y se equivocan, los que aciertan pero son minoría, como también los que no hacen nada), pero, los malos resultados de hoy son consecuencia de una larga cadena de desaciertos o insuficientes aciertos, o al crecimiento desmedido de las injusticias, en lo que todos hemos participado.
No pretendo con ello "echar sal en la herida" del que ya sufre (persona o territorio), haciéndole ver que esa situación fue también obra suya, de un modo u otro. Personalmente también lo sufro, menos o más que otros pero todos llevamos heridas. Soy sensible (o creo serlo, al menos) y de ninguna manera puede tratarse con igualdad la situación de unos y otros en un país tan desigual como el nuestro. Aunque, sí al menos pretendo que la protesta sea sensata, mesurada, inteligente, y sobre todo visionaria en el entendido que, si queremos un mejor futuro, debemos cuidar mucho la sensatez de nuestras acciones presentes y más próximas.
Si hablamos de ambiente, antes de salir a reclamar debemos vernos al espejo y preguntarnos qué ejemplo o autoridad moral tenemos para el reclamo. Si hablamos de sociedad y solidaridad, antes de vociferar revisemos qué ejercicio ciudadano hemos tenido en nuestro territorio, nuestra ciudad, o vecindario. Si apuntamos a lo económico, antes de criticar veamos qué huella (y culpa, o aplauso) tienen nuestros actos, emprendimientos o consumos, de cualquier índole o tamaño, y qué tipo de economías o empresas hemos estado apoyando a sabiendas o sin saberlo. Y si hablamos del terreno político, antes de alzar la voz recordemos qué responsabilidad hemos asumido en los momentos de elección y participación, qué tanto interés hemos puesto en revisar candidatos y programas, o qué tanto hemos participado en la construcción o ajuste de caminos de gobierno.
¿Por qué? Porque, revisando antes nuestros actos propios, u omisiones, podemos tal vez comenzar a reconocer con humildad que, si hemos dejado la responsabilidad de país en otros (en aquellos que se preocupan por hacer bien su ejercicio ciudadano, o sin importarnos atestiguar que otros tantos lo hagan mal), el problema no es de ellos o de los demás, sino propio. Porque la apatía tiene consecuencias. Y reconocerlo, es un principio de solución. Porque si quiero y exijo cambios a los demás, debo primero "hablar con el ejemplo" del cambio propio.
Entonces, si bien brota urgente resolver problemas a la vista, para buscar corregir el fétido desagüe de las consecuencias acumuladas por cuenta de una sociedad que en su promedio ha sido históricamente apática con lo común; es más importante reconocer la culpa propia, para que, desde ya y en todo momento, seamos cuidadoso ejemplo del tipo de ciudadanía que anhelamos tener: ¿Más justa? Seamos justos con el otro, seamos prudentes y tratemos con justicia y cuidado el mundo natural que nos rodea; ¿Más armónica con el ambiente? Seamos ejemplo de armonía en casa, o ciudad, vereda o territorio; ¿Más culta? Esforcémonos por cultivar conocimientos integrales y ayudar a otros a lo mismo; ¿Más solidaria? No podemos pretender tener un país solidario si no lo ejercitamos en nuestra comunidad, dentro de ambientes que no afecten a los demás; ¿Más sensata y coherente? No seamos apáticos a lo contrario, cuidando los derechos humanos que a todos nos corresponden, y los derechos de la naturaleza que a toda ella por igual le corresponden.
En lo personal, soy apenas aprendiz. Pero bueno, constantemente ejercito y me esfuerzo por ese reconocimiento del que aquí invito, para evitar errar, o corregir pronto mis yerros.
Felipe Andrés Velasco
Tota, 05.5.2021

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