Los idiotistas
Hace poco, porque llamé idiota al personaje político de turno que incrementó el salario mínimo a su absurdo capricho -arropado en absurdos argumentos sin piso técnico serio- y sin importarle las consecuencias macroeconómicas para todo un país por semejante irresponsabilidad (a costa de una pildora de dopamina para creyentes enceguecidos que saben aplaudir al torpe salvador, y suelen caer en la torpeza de entregarle su voto hipnotizado porque ya se han vuelto adictos a esa droga verborreica); en respuesta, sucedió esto:
Una persona conocida, pasó a sugerir que yo era un simple <vampiro de la plusvalía, un esclavista, hipócrita y burgués> (tal cual fueron sus términos), dando a entender que mi "deber" era entrar al corral de aplaudidores porque ese salvador es "ambientalista" y por tanto me corresponde alabarlo.
Al margen del shock (y la risa) por su reacción, esa curiosidad me ha invitado a reflexionar. Porque, también al margen de quienes piensen similar sobre esa medida del idiota aquel, están otros que de inmnediato asocian el comentario como venido de alguien más idiota que alaba al dios contrario, polarizando el debate hacia -istas o -istas. Dicho mejor, si se llama idiota al pastor de los -istas, es porque estos, a su vez, consideran más idiotas a quienes creen pertenecer al culto de otros -istas. Y así, entre idiotas útiles parece que aterrizan los debates cotidianos en política (al menos así es el frecuente ambiente inútil y rabioso de las redes): Fulano es un idiota / ¡No!, más idiota eres tú / ¡Cállate idiota!, debes respetarme / ¡Idiota!, ¿cómo pides respeto si eres un perfecto idiota / Y sigue así... mientras el salario mínimo se ubica en terrenos atractivos para la inflación y el despelote económico, y los reyes de la idiotez se frotan las manos con sus cálculos politiqueros.Pienso, en consecuencia, que el partido más cercano a todos es, el de los idiotistas. Allí caemos todos (unos más idiotas que otros), creyendo que solo se puede ser -ista o -ista, sin que importe mucho lo que debería realmente importar, porque al momento del voto, la torpeza no permite ver o analizar por fuera de ese panorama de idiotez.
Y, por si fuera poco, caen las encuestas con su amplia difusión (es decir, el supermercado de píldoras estimulantes gratuitas para idiotas), donde muchos babean de adicción por ver a sus pastores punteando, sin preocuparles nada más.
Felipe Andrés Velasco
02.1.2026

Comments
Post a Comment